Me gusta flotar.
Levanto los pies, la cadera, la cabeza.
Abro los brazos despacio y dejo que el agua haga su trabajo.
Parece fácil. Como si supiera exactamente qué hacer conmigo.
Noto que hay una línea que separa lo gaseoso de lo líquido.
Yo soy esa línea.
Me siento maravillosa siendo geométrica.
:
La nariz queda fuera.
Mis oídos, casi sumergidos.
Los ojos pueden elegir.
Cerrados solo existe el sonido.
El viento, risas que no entiendo.
Una lancha que parece no avanzar.
Todo llega amortiguado, como si el mundo hubiera decidido hablar más bajo.
Las tensiones de mi cuerpo desaparecen primero.
Después las prisas.
No tengo que llegar a ningún sitio.
Solo queda el cielo y el agua sujetándome.
Dudo incluso de que todavía quede yo por aquí.
:
Es el estado perfecto.
Pero dura tan poco.
:
Pronto aparecen ellos.
Mis pensamientos.
¿Me estaré alejando?
:
Abro los ojos.
Busco la orilla.
Una boya.
Algo que confirme que sigo donde creía estar.
Entonces dejo de flotar.
Los pies vuelven al fondo.
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